jueves, 4 de enero de 2018

INTOLERANCIA POLÍTICA


En su carta de ayer, la lectora Karina Zerillo Cazzaro afirma que "pocas decisiones tan prontas y unánimes" ha producido el Concejo Deliberante de Mar del Plata, como las de repudiar la prisión domiciliaria y su traslado a esa ciudad de Miguel Etchecolatz. No tan unánime, agregaría yo, pero aunque lo fuera, le recuerdo que ese mismo cuerpo es el que, tildándolo de "represor", bajó el cuadro que había en el recinto del capitán Pedro Giachino, primer muerto en Malvinas, sin que pesara contra él decisión judicial alguna. Ahora dicen que "Etchecolatz es el límite".


Algunos que tanto hablan de justicia pasan por sobre ella a su antojo cuando sus decisiones no les agradan. El Concejo Deliberante de Mar del Plata, como cualquier otro cuerpo ejecutivo del país, debería ser parte de la solución y no del problema en la violencia política en la Argentina. Nadie tiene derecho a repudiar, censurar, escrachar, señalar o acosar a una persona por motivos de intolerancia política, pero es doblemente reprochable que desde el mismo Estado se fomente el odio, la segregación, la violencia y el desacato a decisiones judiciales.

Andrea Palomas Alarcón
DNI 18.011.160



NOTA: Las imágenes y destacados no corresponden a la nota original.

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