viernes, 2 de marzo de 2018

HA LLEGADO PARA USTED LA JUSTICIA DIVINA. QUE DESCANSE EN PAZ GENERAL



Más de 27 años estuvo privado de su libertad, sin embargo, a los 90 años, murió con las botas puestas y la frente en alto, asumiendo la responsabilidad del accionar  de su tropa, y convencido de haber defendido a la Patria con lealtad

Podrán estar de acuerdo o no con su accionar, pero el General Luciano Benjamín Menéndez ha sido uno de los Comandantes más importantes de la historia reciente. Como ciudadana siento la obligación y el deber, de despedir hoy a un “soldado de la Patria”. He tenido el privilegio de conocer al General Luciano Benjamín Menéndez, cuando él ya estaba preso, y de haber asistido a los juicios en los que fue juzgado en mi provincia, Tucumán. Me impresionó siempre su porte hidalgo, su mirar de frente, su hablar sin titubeos. El trato cortes y la firmeza en sus conceptos, hicieron que, a medida que lo conocía, admirara su convicción y su temple. Les repito, puede gustarles o no… pueden tener hacia él los más diversos sentimientos, pero nadie podrá negar jamás, que ha sido uno de los Comandantes más importantes de la historia argentina y que en cada una de las decenas de juicios por las que desfiló imperturbable y seguro, se hizo cargo del accionar de su tropa y asumió la responsabilidad que le cabía, eso sí, con el convencimiento de haber cumplido con su deber, de haber defendido a la Patria.



Pasó años, SI AÑOS, sentándose ante diferentes Tribunales, escuchando a los cientos o miles de testigos, con hartazgo, con impotencia, pero con respeto siempre. Estaba seguro de que en Argentina hubo una “guerra revolucionaria” y jamás se arrepintió de haber defendido a su país, a su Patria, del comunismo. Cada vez que le tocó hacer uso de la palabra, fue escueto y terminante al decir que desconocía a ese tribunal de turno y que él sólo hablaba ante Tribunales militares. “No voy a declarar porque estos juicios son inconstitucionales (…) Soy el único responsable de lo actuado por mi tropa”, manifestaba seguro y agregaba “No quiero prestarme al juego de los terroristas que ayer colocaban bombas” y hoy persiguen “sus oscuros intereses” bajo “el manto de la legalidad”.

El paso de los años se evidenciaba en su andar pausado, pero jamás hizo gala de sus achaques ni de sus dolores, “un soldado no se queja”, repetía, “un soldado jamás da lástima”. Fue padre de 9 hijos, y vio dolorosamente morir a dos de ellos, uno a los 9 años  y otro hace un par de años. También perdió a Edith (o a Perla como le decían muchos de sus amigos), su mujer de toda la vida, pese a lo cual se mantuvo en pie. Los golpes en su vida fueron varios y dolorosos, pero nunca emitió una queja, su sufrimiento era silencioso.

El General duro del Ejército, que fue responsable de comandar al III Cuerpo del Ejército en las épocas más difíciles quizás de la Argentina reciente, tenía autoridad e imponía respeto, pero también se ganó el afecto y la admiración de todos sus subalternos,  por su valor y por la convicción con los que hasta sus últimos días, defendió el accionar de las Fuerzas Armadas en la lucha contra la subversión marxista como él denominaba siempre.


Hace muy pocos meses, en una conversación que tuve con él, hablábamos sobre la posibilidad del diálogo y la reconciliación, ya no tenía el vozarrón de antes, pero si la misma firmeza. Me contestó: “hijita mire, yo no estoy dispuesto a dialogar con nadie, son comunistas ¿me entiende? CO – MU – NIS – TAS, repitió. Salvo que venga Firmenich, sólo de Comandante a Comandante estoy dispuesto a dialogar”, aseveró… Me quedé mirando… ese era el General Luciano Benjamín Menéndez y esa frase lo pintó de cuerpo entero, cuando estaba cerca de cumplir sus 90 años.

27 años preso, a nadie le importó que el General ya tuviese una perpetua, fueron, dos, tres….trece. 13 cadenas perpetuas!!!, realmente no lo puedo entender. Me pregunto, ¿quién costea esos juicios interminables de meses enteros?, Pienso que si  la pena máxima que puede tener una persona es la cadena perpetua, cuál es el sentido de volverle a aplicar una y otra vez una pena similar?. Menéndez era un anciano, porque podía tener el coraje y la fortaleza de una persona joven, pero cargaba sobre sus espaldas ya más de 80 años y cada  día se sentaba horas y horas, inmutable, a escuchar acusaciones de todo tipo, que jamás lo amilanaron. EL ERA UN PRESO POLÍTICO DE LA ARGENTINA Y ASÍ LO ENTENDIÓ HACIÉNDOSE CARGO DE TODO EL ACCIONAR DE SU TROPA. ORGULLOSO DE HABER SIDO UN ESLABÓN IMPORTANTE EN LA GUERRA CONTRA EL COMUNISMO, CONVENCIDO DE HABER CUMPLIDO CON SU DEBER, SEGURO DE QUE ENCONTRARÍA ALGÚN DÍA LA PAZ Y EL DESCANSO ETERNO.

General Menéndez, ha muerto usted hoy, y créame que una pena me embargó esta mañana. Quiero entrañablemente a su único hermano, el Coronel José María Menéndez, y a Yethel Valladares, su cuñada incondicional, una amiga del alma. He sentido una gran bronca al escuchar a algunos periodistas  o ver publicaciones en las que, más de 40 años después, se sigue sembrando odio y usando adjetivos horribles, con los que jamás escuché calificar a asesinos que también fueron parte de esa guerra cruel entre argentinos o a los corruptos que aprovecharon el Estado argentino para hacerse millonarios. Sentí también una gran pena al darme cuenta que realmente esa paz de la que hablábamos con usted, y con la que soñamos los argentinos, está dolorosamente lejos.

General Menéndez… estoy segura que dentro de unos años, en los libros de Historia, usted ha de figurar como una persona emblemática, como uno de los Comandantes más fuertes de la Argentina reciente y que será parte importante de la historia argentina. Como todos los grandes héroes, tendrá sus adeptos y sus detractores, pero nadie podrá negarle reconocimiento ni desconocer su accionar dentro de las FFAA durante la época más triste de los argentinos, en pleno gobierno democrático de María Estela Martínez de Perón. Los grandes héroes de la Patria, General  Menéndez, han muerto en su mayoría en soledad, en el destierro, en la pobreza… los argentinos no aprendemos mi General, pero gracias a Dios la historia, se encargó de reivindicarlos.


27 años privado de su libertad, sin una sola queja, sin un pedido a la Justicia, sin un solo reclamo, con la frente en alto, con el temple de un soldado, asistiendo a cada audiencia con su traje impecable, con su escarapela en el pecho, con su sobre todo oscuro, con su bastón en los últimos años… aun cuando estaba enfermo, aun cuando su salud se deterioraba, porque siempre, hasta el final, sintió que la responsabilidad era suya y quiso proteger a su tropa y sobre todas las cosas, sintió que cumplía con su deber.

Murió usted en el día de la Bandera[1]ALTA EN EL CIELO, UN ÁGUILA GUERRERA, AUDAZ SE ELEVA, EN VUELO TRIUNFAL...

Ha muerto con las botas puestas, con sus convicciones intactas, con la hidalguía de los grandes, dejando profundas huellas. Quiera Dios que la Justicia divina haya llegado ya para usted y que esté gozando de la libertad que tantos años esperó.

General de División Luciano Benjamín Menéndez, descanse usted en paz.

Luz García Hamilton
27 de Febrero de 2018


NOTA: Los destacados y referencias no corresponden a la nota original.


[1] Fue enarbolada por primera vez en Rosario, el 27 de febrero de 1812, acto que fue desautorizado en aquel momento por el gobierno de las Provincias Unidas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario