domingo, 13 de mayo de 2018

QUE LA VERDAD NO MALOGRE UN BUEN RELATO (…O UN BUEN NEGOCIO)



Según se cuenta, a los directivos de la Fundación El Libro les horrorizó ver, a último momento y a pocas horas de su exhibición, el “tráiler” del documental ¡Será Venganza! Según estas “vestales” de la cultura, recién se avivaron cuando un grupo de lameculos puso el grito en el cielo porque en el “impoluto” ambiente de la feria del Libro se pasaría un documental procesista.

En realidad, lo que les horrorizó fue lo absolutamente documentadas que estaban las denuncias que en el documental se hacían. Mentira es que fuera un panfleto procesista, o una apología -como dijo un exagerado- del delito. Simplemente se mostraba de qué manera jueces prevaricadores, fiscales patoteros y testigos falsos -sea por ideología, interés personal o por miedo- accedían a cometer aberraciones jurídicas en juicios armados.

Si los personeros de la fundación ni siquiera se tomaron el trabajo de chequear el contenido del “tráiler” del documental solo significa que hicieron gala de una irresponsabilidad manifiesta, si dicen que no habían tenido la posibilidad de verlo porque no se lo dieron, mienten descaradamente, ya que hace no menos de un mes que el “tráiler” del documental en cuestión recorre las redes sociales. Pero esto solo tiene como objetivo otra cosa que va más allá de prohibir un documental que se enfrenta al pensamiento único imperante en Argentina, el designio real era mostrar que en el país las S.R.L. de derechos humanos siguen teniendo el poder de permitir quien puede o no expresarse en cualquier ámbito de la República. Lo que pareció un desprolijo ajuste de programación no era otra cosa que refrendar esta acción.

ministro de justicia y derechos humanos de la Nación, Germán Garavano

De alguna manera, y esto fue referido por uno de los integrantes de la fundación, la prohibición de la exhibición -que se venía pensando desde el mismo momento en que se pagó el alquiler de la sala a utilizar- contó con el visto bueno del ministro Garavano, cosa que no es de extrañar pues pertenece al grupo selecto de aquellos a los que los calzones se les ensucian si alguna vieja loca lo mira torvamente. Finalmente, no se pudo exhibir ¡Será venganza!, y la soberbia zurdería festejó el éxito de lo que lleva ínsito en su ADN: la censura.

Que la Feria del Libro haya cargado con el descrédito de haberse erigido en censora de ideas no les importa ni a la zurdería ni, creo que tampoco, a los empresarios que manejan la fundación que, aunque presuman de “intelectuales”, al fin y al cabo la feria es un negocio y los negocios se mueven por encima de los cánones morales e intelectuales.

Oche Califa, seudónimo de Ángel Jorge Califa

Y es esto último la verdad porque la Feria del Libro no es una catedral intelectual dirigida a la difusión del libro como motor del conocimiento, tanto intelectual como científico. La Fundación El Libro, que maneja la feria y a su director “Oche” Califa -escritor de cuentos para niños- no es otra cosa que un rejunte de cámaras comerciales, entre las que están, entre otros, la Federación Argentina de Librerías, Papelerías y Afines; la cámara Argentina de Publicaciones e inclusive un sector de Cámara Española de Comercio. Es cierto que incluyeron a la S.A.D.E. (Sociedad Argentina de Escritores) para recibir el lustre intelectual que una pandilla mercantil jamás tendrá.

Martín Gremmelspacher

Así, su presidente Martín Gremmelspacher, es un editor de libros de fútbol, quien si es un intelectual de fuste es el vicepresidente, Alejandro Vaccaro, quizás el mejor biógrafo de Borges, que seguramente si se habrá horrorizado pero no por el contenido del documental sino por la descarada censura exhibida.

Aurelio B. R. Narvaja

Quien sí se habrá alegrado con toda esta opereta es el secretario de la fundación: Aurelio B. R. Narvaja, de pasado Montonero y PRT y hoy dueño de la editorial Colihue, de la imprenta ABRN y de las librerías Antígona que supo ser beneficiario de millonarias compras de libros por parte del Estado kirchnerista a su empresa. Los favores se pagan, y así, hoy ocupa un puesto en la fundación, que le permite ser la mano de obra de aquellos que deciden quien sí y quien no puede expresarse en la feria y por ello arrogarse el papel de un Catón barriobajero y mistongo al que sus cómplices de Carta Abierta le dieron chapa de “intelectual”.

No busquemos ni ética ni verdad en la censura efectuada contra ¡Será venganza!, porque es difícil encontrar perlas en los albañales. La única verdad que hay en todo esto, en impedir que se proyectara el documental es que podría abrir los ojos de muchos sobre un relato maniqueo y mentiroso pero que ha sido un negocio desde su inicio  que benefició a muchos y ha permitido a otros hacer brillantes carreras en la medida que demuestren una docilidad total al pensamiento único.

José Luis Milia                 

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