miércoles, 6 de junio de 2018

Cambiemos mantiene la inercia sobre los 70

En una nota de opinión publicada en el diario "Gaceta Mercantil", Ignacio Bracht analiza las perspectivas políticas que se abren a futuro en el país, a partir de lo ocurrido la semana pasada. Hacia el final, después de argumentar sobre la necesidad para el gobierno de encontrar un rumbo y una épica, Bracht se interna con mucha razón en lo que podría denominarse la "batalla cultural" que se libra en el país sobre el pasado.

Al respecto, afirma que el gobierno de Cambiemos alentó la esperanza de revertir la sesgada visión que fue impuesta sobre lo sucedido en los años 70 pero poco y nada ha hecho con los juicios a militares y civiles que fueron planeados como una acción de venganza. Sus propuestas sobre este tema son tan acertadas y necesarias como el rumbo que sugiere.


El largo y sinuoso camino al 2019

Por Ignacio Bracht
Gaceta Mercantil - Opinión
04.06.2018



En la semana que pasó, sucedió lo políticamente obvio: hubo ley para retrotraer las tarifas y veto presidencial, a las pocas horas, como se venía anunciando desde hace un mes desde el gobierno. Propios y ajenos ya sabían que el final de esa inaplicable norma nunca vería la luz. También, otra obviedad, a las pocas horas, aunque preparada desde hacía semanas, se montó la marcha de condena contra el veto, el FMI, las políticas oficialistas, el “gobierno de ricos” y demás estigmas. La nutrida concurrencia reunió a muchos que tienen el aliento de la Justicia en la nuca: Hebe Bonafini por la estafa de "Sueños compartidos" (que manejó el segundo presupuesto de viviendas luego del nacional, en tiempos de Cristina Kirchner); los Moyano, a los que se les acumulan causas por lavado y otros delitos; y varios mascarones del kirchnerismo puro, más todos los grupos y partidos de izquierda; los movimientos sociales, que cobran enormes sumas de dinero del gobierno nacional; las dos CTA y parcialidades de gremios de la CGT, sumados a organizaciones políticas de derechos humanos, entre otros grupos. Toda la maquinaria se puso en la calle. Por un lado se le hizo saber al gobierno de Mauricio Macri que el futuro será así, de aquí en más, y que habrá un paro general anunciado por la CTA en un claro apriete a la CGT, que había pateado el tema para agosto.

Como en la política, como en la vida, los actos, sean cuales sean, tienen consecuencias, así que el gobierno de Cambiemos deberá reconstruir gran parte del tejido social que lo votó y hoy debe ajustarse el cinturón por la devaluación, la inflación y la suba de tarifas, que el peronismo quiere pescar con un mediomundo.

Ahora bien, el peronismo, también deberá, si es que lo desea, desmarcarse del perokirchnerismo más rancio ya que la votación del miércoles pasado lo dejó pegado a Cristina, quien debe estar disfrutando que en un hecho les hizo tirar por la borda los intentos de diferenciarse de ella. Salvo Juan Manhuel Urtubey, y todo el peronismo salteño, incluido Romero; los Rodriguez Saá (inescrutables, jugando uno por uno, como siempre) y algunos otros, quedaron en la foto junto a Cristina, incluidos Miguel Angel Pichetto y Sergio Massa, cuyo Frente Renovador fue el que engendró la ley en Diputados. Veremos qué sucede en el Senado con el pedido judicial de desafuero de Cristina por el juez Claudio Bonadío, reclamado de nuevo por Cambiemos. Pichetto, que siempre se ha negado a este tipo de pedidos (el de Carlos Menem duerme el sueño de los justos), tendrá ante sí una opción de hierro, al igual que todo el peronismo, que busca lavarse la culpa de sufrir la abstinencia del poder.

En Cambiemos, la ruta de gobierno hasta el 2019 se presenta árida y plagada de perdigones: conflictividad social en la calle, vencimientos casi mensuales de Lebac, inflación, retraimiento y recesión, suba del dólar, negociación con la oposición del Presupuesto 2019, etc,, y la manifiesta vocación de algunos sectores de voltearlo a Macri del sillón de Rivadavia. La convocatoria a ampliar la base de debate interno en la coalición gobernante, puede ser sólo cosmética y repartir desgracias o una genuina voluntad de dar mayor participación a sus socios políticos, en especial al radicalismo, que gobierna provincias e intendencias como Cambiemos y puede ganar otras el próximo año, sumando a otras figuras externas al conglomerado, inclusive.

Lo que sí queda claro es que el discurso presidencial debe encontrar un rumbo y una épica, que no implica delirio, ya que, en la racionalidad del aumento tarifario, la devaluación o las lamparitas leds, la motivación de emociones es algo imposible de lograr. Si la Patria no está en peligro, como lo sostienen en la oposición más radicalizada, deberá encontrar el gobierno los resortes en el colectivo social para que la Patria se blinde ante los que buscan el retorno a un relato mendaz, cuyos socios son Venezuela, el Ecuador de Correa, el Brasil de Lula y Dilma y la hoy sangrienta Nicaragua de Ortega y señora, la palmaria muestra de un fracaso.

Está claro que en este juego, la oposición también mueve, pero desde el Ejecutivo deberán entender que la carencia de liderazgo, de discurso y de iniciativa pueden costarle caro, no sólo a ellos, sino al país.

Mucho se ha escrito sobre la tragedia de los años ’70, donde el país se bañó en sangre; también lo hemos hecho desde estas páginas. Pedro José Güiraldes publicó el 21 de junio en La Nación un valiente artículo de opinión que llevó por título “La Argentina amordazada”, que vale la pena resaltar. Coincidiendo con este autor, hemos sostenido que durante el kirchnerismo, tema al cual fueron ajenos los Kirchner durante su vida política en Santa Cruz, la bandera de los derechos humanos fue enarbolada como un ariete para llevar a cabo una acción de venganza, lisa y llana, sobre militares y civiles que enfrentaron en una contienda sucia y brutal a las organizaciones armadas que mediante la violencia intentaron tomar el poder.

Así, los Kirchner pasaron a ser los abanderados de los derechos humanos, ganándose el apoyo de la izquierda y de las organizaciones “políticas” de DDHH. Mediante una programada acción judicial y mediática se encarcelaron, juzgaron y condenaron a muchos oficiales, suboficiales de las Fuerzas Armadas, de Seguridad, policiales y civiles en una clara manifestación de humanitarismo tuerto, donde las víctimas y los victimarios del terrorismo de los años de plomo quedaron impunes.

El dolor no cierra en la piel y el alma de familiares que tuvieron desaparecidos por un lado y asesinados por otro. Sólo el paso del tiempo y las nuevas generaciones podrán dar por superado lo que sus predecesores realizaron. En busca de concordia y verdad histórica, pasada la sesgada visión y praxis del kirchnerismo, el gobierno de Cambiemos alentó la esperanza de revertir lo sucedido, pero debemos decirlo con franqueza, poco o casi nada se ha hecho con juicios que en muchos casos son írritos por parcialidad manifiesta o en cuanto a otorgar prisión domiciliaria a ya ancianos, muchos de ellos con enfermedades complejas y en algunos casos terminales. Desde que se inició la acción persecutoria han muerto 443 presos y desde el 10 de diciembre de 2015, otros 102, la mayoría de ellos en cautiverio. Por citar unos casos, recientemente el brigadier César Comes de 94 años y el comisario general de la Policía bonaerense Abel Bracken, de 84. Ambos no recibieron prisión domiciliaria, que la Ley fija a los 70 años para que todo preso pueda gozar del de ese beneficio, condenado o no. Esto se practica con muchos delincuentes de graves delitos, pero se excluye a los llamados crímenes de lesa humanidad, haciendo uso retroactivo del Estatuto de Roma. Pero más allá de argumentaciones jurídicas, el hecho es que no hay muertos buenos y malos, violaciones a los derechos humanos selectivas y parciales. Los detenidos por lesa humanidad, militares y civiles, tienen derechos humanos como cualquier ciudadano, ya sean de izquierda, derecha o apolíticos. Sería hora que la dirigencia política deje de lado prejuicios y el patrullaje ideológico de quienes aún reivindican la lucha armada de los ’70. ¿Por qué el actual gobierno, en el Parque de la Memoria, luego de depurar la lista de los allí mencionados, que no murieron en cautiverio, ni fueron desaparecidos si no que lo hicieron en combate, en enfrentamientos armados o por juicios sumarios de las propias organizaciones guerrilleras, incorpora al listado todos los muertos por el accionar terrorista como militares, policías, conscriptos, empresarios, jueces, sindicalistas, intelectuales o simples ciudadanos, incluidos niños, nos preguntamos? Así podría, sin sustitución alguna llamarse Monumento a la Verdad Histórica de la tragedia argentina de los ’70. Así se llegaría en el acto mismo, al reconocimiento de “Los otros muertos”, como el título del justiciero libro que escribieron Carlos Manfroni y Victoria Villarruel, sobre los muertos que hoy no se mencionan ni cuentan. Sólo con un acuerdo sincero de toda la dirigencia nacional y la sociedad civil se podrá ser consecuente con la premisa de que en el país actual se respetan los derechos humanos sin importar quien se beneficie.

http://www.gacetamercantil.com/notas/140241/el-largo-sinuoso-camino-al-2019.html

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